septiembre 12

Deja de amargarte la existencia y aumenta hoy tu felicidad con estas 3 claves prácticas

Deja de amargarte la existencia y aumenta hoy tu felicidad con estas 3 claves prácticas

bebes-comiendo-limonEs muy curioso el arte que tenemos para complicarnos la vida…

No dejo de asombrarme de la facilidad con la que nos trampeamos, nos ponemos excusas baratas y hacemos difícil lo fácil, sólo porque tenemos metidas en la cabeza una serie de creencias sociales y propias (limitantes) que hemos dado por válidas sin ni siquiera cuestionarlas.

Un día alguien dijo que «esto era así» y lo hemos aceptado sin más… esto me cabrea.

Aunque este cabreo (cabreillo) me es muy útil porque me ha llevado desde hace tiempo a profundizar en el tema y a buscar soluciones que he trabajado con muchos clientes y tras ver la efectividad, hoy quisiera compartir contigo.

Algunas de las creencias que observo en este sentido más arraigadas, que son madres de otras creencias que han ido evolucionando, son las de:

– «Ser feliz es tener mucho de todo»

– «Tengo que hacer lo que se espera de mi»

– «Para tener una vida digna, hay que trabajar duro»

– «Los demás primero»

– «El éxito corrompe»

– «Ser buena persona es decir que sí a todo»

– «Hay que estar siempre bien y feliz de la vida y no quejarse nunca»…

Además es curioso porque unas se contradicen con las otras. En mayor o menor medida todas las personas buscamos ser exitosas en la vida, ¿no? con lo que para cada persona sea tener éxito, sin embargo, haciendo caso de las creencias sociales, si ser exitoso supone mucho esfuerzo, si tengo que tener mucho de todo (¿mucho de qué? ¿cuánto es mucho?), si además los demás primero tienen que ser exitosos porque si no soy egoísta y si el éxito corrompe…Mejor soy infeliz y no tengo que sufrir, ni saltarme la norma y esforzarme tanto…Tela marinera.

Entonces llegan nuestras propias «formas de ver la vida» y la cosa es posible que se ponga un poco más fea: Que te encuentres un atasco, que llueva una semana seguida, que haya crisis, corrupción, que te deje tu pareja (o dejes a tu pareja), te enfermes, tu familia te presione, tus hijos tengan una edad difícil, tu trabajo no te satisfaga, que sientas soledad, tengas un día triste, se te pinche una rueda, tengas una gotera…Es posible que algo de esto te pase al menos una vez en la vida e incluso más de una vez en la misma semana (por tirar muy a la baja) y entonces, ya sí que sí resulta que la felicidad queda lejos porque no dejan de sucederte desgracias y de aparecerse la frase en tu cabeza de «es que todo me pasa a mi»..¡no por favor!

Salgamos de esta espiral de «destrucción masiva» Si algo de esto te sucede, enhorabuena, ¡vives! ¡te late el corazón! Esta es la primera solución, si eres una persona y estás viva, empieza a aceptar la realidad de que en la vida se te aparecerán desafíos, que no son lo mismo que desgracias…

“Los seres humanos tenemos unas 20.000 pequeñas adversidades a lo largo de la vida, lo cual es un dato que hay que tener en cuenta para no amargarse, porque eso no se puede evitar, aunque seas eficiente o responsable” comparte Rafael Santandreu (psicólogo). Interesante dato…

Estamos confundidos. Con esta manía nuestra de hacer lo fácil difícil hemos desarrollado un saboteador y nada práctico arte de complicarnos mucho la existencia y por tanto hacer muy complicada la tarea de conseguir una vida plena y feliz (con lo que para cada persona sea ser feliz).

La buena noticia es que esto no son más que maneras aprendidas de ver la vida. Como decía en las primeras líneas, alguien «nos enseñó» un día que esto era así, y lo hemos repetido una vez tras otras sin pensar si, que sea así nos ayuda a tener la vida que deseamos. Y como lo aprendido se puede desaprender, ahora puedes decidir empezar a buscar tus propias maneras de dejar de complicarte la existencia.

Aquí te comparto algunas de las maneras que he encontrado, que he practicado conmigo y clientes y que ¡funcionan!:

1. Ten en cuenta de que en realidad, no te afecta lo que te pasa, te afecta lo «que haces» con lo que te pasa: Poniendo un ejemplo fácil, si yo cuando voy todos los días al trabajo, encuentro algo de atasco, tengo dos opciones: o acepto que es así y me dedico ese tiempo a mi, a pensar en cosas que me gusta hacer, escuchar música, relajación, un programa gracioso…o me pongo de los nervios, a chillar a todo el mundo, tocar el claxon hasta fundirlo, con la esperanza de que a mi vehículo le salgan alas (lo cual también es frustrante porque de momento, eso no pasará).

Puedo decidir  lo que hago con lo que me pasa y la diferencia en cuanto a coste emocional, frustración y de todo, es enorme. Haz la prueba. Para que esto funcione, hay que ejercitar la consciencia de aquello que te hace sentir mal y sobre todo tener la voluntad de querer cambiar esa respuesta, sin embargo, te aseguro que cuando lo practicas un par de veces, los resultados son tan rápidos y tan saludables, que te será mucho más sencillo y más útil dejar de amargarte la existencia con este tipo de situaciones.

2. Aprende a reconocer tus méritos y recibir halagos. ¿Cómo respondes cuando logras algo? ¿O cuándo alguien te dice que eres guapa? ¿Qué eres un crack en algo? Me he pillado a mi misma unas cuantas veces en esta trampa fatal…Cuando alguien me ha dicho que soy muy buena en algo, mi respuesta ha sido en muchas ocasiones «no es para tanto» «cualquiera puede hacerlo» o si mi pareja me dice «que guapa estás» he mirado hacia el suelo diciendo «que va, con las ojeras o estos pelos que tengo»…Si siempre pongo algún pero a los halagos que me dicen, ¿crees que las personas querrán decírmelos más? La respuesta es no.

Con estos peros constantes y esta falsa creencia de que somos prepotentes al aceptar nuestros méritos y fortalezas, nos estamos haciendo mucho daño y nos estamos privando de lo agradable y positivo para la estima que resulta el aceptar y agradecer los regalos que nos da la vida y las personas. Es como si te hago un regalo y me dices «no pero es que yo quería…» constantemente. Pues ya no querré regalarte nada más…

..Con el consiguiente sentimiento de frustración que acompaña a esta práctica porque «luego nadie me dice lo buena que soy» , «que estoy guapa después de una hora arreglándome», ni se reconoce mi valía, cuando en realidad todo eso me lo he buscado yo, ¿no es absurdo?

A la solución. Dos cosas que podemos hacer para dejar de complicarnos la existencia en este sentido:

>> Limítate a decir Gracias: Cuando alguien te diga algo bueno de ti, de tu trabajo, sólo di Gracias…Da igual si tienes tentaciones de decir un «pero», ¡puedes con él!, di gracias y disfruta del placer de sentir que tú antes que nadie aceptas que eres, haces y tienes muchas cosas buenas, que las tienes.

>> Apunta cada día durante dos semanas, todo lo que has hecho bien durante la jornada: simplemente reconócelo, sin «quizás estoy exagerando», sin juicios…Sólo apunta y date la enhorabuena.

Quítate de encima ese complejo de Cenicienta, de «pobrecita yo que no hago nada bien», no es real, ese pensamiento es fruto de donde pones tu mirada, si la cambias, empezarás a valorar todas las cosas que logras cada día. Deja de amargarte la vida regañándote por lo que no haces o no consigues y celebra todo lo que sí haces y sí consigues.

 3. ¡Di NO!  No me canso de repetir (y repetirme) constantemente la importancia de saber decir que no.

Una de las peores cosas que podemos hacer para complicarnos la vida es decir sí cuando queremos decir no, por complacer, por ser agradables, por querer caer bien, por ser buena persona…

¿Crees que si dices que no cuando quieres decir que no, de repente te convertirás en un monstruo feo? ¿Y que si dices que sí cuando quieres decir que no, serás una dulce hada o un simpático duende de los bosques? ¡Nooooo!

Cuando dices que sí y en realidad quieres decir que no, empieza a serpentear y envenenar tu interior un estrés «invisible» (eso es lo que creemos porque normalmente algo hace que se note ese estrés). Dentro de ti suele empezar el diálogo interior de «seré idiota si en realidad no me apetece nada», con el consiguiente sentimiento de culpa que genera el pensar eso porque estás siendo mala persona si lo correcto es decir que sí, a lo que le sigue enfado por tener que hacer (decir o lo que sea) aquello que no queremos hacer, seguido a su vez de la frustración de no haber sido capaz de decir que no. Normalmente este ciclo termina por el auto-convencimiento de que hemos tomado la mejor decisión (decir que sí hará que me quieran más), aunque inconscientemente estemos traicionando nuestros deseos, y crece la rabia porque además luego las personas no lo agradecen ni reconocen que haya dicho que sí. Que cansancio y que complicación.

No te haces a la idea de la cantidad de sustancias tóxicas (cortisol, noradrenalina…) que todo ese proceso de estrés, rabia, ira, enfado, frustración, contaminan nuestra salud general.

Por no hablar del impacto social que tiene el decir que sí a todo, ya que normalmente produce el efecto contrario a lo que queremos conseguir. Lejos de conseguir que todo el mundo me respete, me acepte y me quiera por decir que sí a todo, conseguiré ser «esa a la que todo dice que sí» a la que le pedirán cualquier cosa que el resto no quiera hacer…

Deja de complicarte la existencia, cuando quieras decir no, di no

Hay maneras, muchas, de decir no de manera constructiva y perfectamente respetable…

Me pregunto muchas veces en qué punto de nuestra evolución estas normas han empezado a regir nuestra vida, a decidir cómo tenemos que vivir, ¡todos! como si fuésemos robots y tuviésemos las mismas necesidades y deseos…aunque en realidad eso da igual, las normas están para saltárselas, ¿no? 😉

Así que te propongo que escribas tus propias normas, tus propios acuerdos, aquellos que te ayuden a vivir acorde a tus necesidades, a tus deseos. Quien se quiera complicar la vida, que se la complique, pero si no lo has decidido tú, no dejes que nadie te sostenga el lápiz al escribir tus normas ni tu propia historia.

Me encantará saber qué harás a partir de ahora para dejar de complicarte la existencia. Compártelo en los comentarios, seguro que me sirve y nos sirve a todos, para ampliar nuestras propias normas de calidad…de vida.

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SaraD

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